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jueves, 22 de abril de 2021

Las escenas temidas de un coordinador de grupos Eduardo Pavlovsky, Luis Frydlewsky y Hernán Kesselman!

 Las escenas temidas de un coordinador de grupos


Eduardo Pavlovsky, Luis Frydlewsky y Hernán Kesselman


El libro analiza y estudia sobre los miedos habituales en el desempeño como coordinador/ra, sus mecanismos defensivos, con los que lucha contra estos temores, la toma de conciencia de las relaciones entre éstos y sus miedos personales, históricos, con los que él puede asociar sus miedos profesionales; la forma en que es capaz de trabajar dramáticamente estos miedos, con la ayuda de otros y otras que están en su misma búsqueda, cuyas intervenciones le dan un repertorio alternativo más rico y amplificado para operar nuevamente con esos miedos en su vida cotidiana profesional. 




BAJA TEXTO DE ESTE LINK:
https://drive.google.com/open?id=16-9KgouQzlBQsvF6cG3gqOBODe79TCE4


 Universidad CAECE (Argentina) 2009
Licenciado en Psicología Social (Articulación Universitaria. Resolución R.M. Nº1214/99)
Licenciado en Psicología (por refrendada la R.M. N° 1214/99 por Resolución Ministerial Aprobada N°1653/16, Carrera acreditada por CONEAU, Resolución N°1112/14)
Egresado con Honores.
Promedio: 9.5

miércoles, 21 de abril de 2021

Gran convocatoria a Becas INQBAR 2021!

 Los Emprendedores que ingresan a INQBAR en 2021 para cursar por primera vez , podrán postularse desde el 21 de Abril y hasta el 30 de Abril a las becas.



El Programa Becas tiene como objetivo, facilitar el acceso y la permanencia de incubación y aceleración de empresas. Las becas están dirigidas a la población de Maldonado, comprendida en la categoría de ingreso 2021.

Durante este período se podrán solicitar todas las becas ofrecidas por el Servicio. La postulación a las becas se debe iniciar luego de inscribirse.
estas becas buscan premiar a postulantes con recursos económicos limitados. Para acceder a ellas, los interesados deberán postularse al Concurso de Becas y resultar adjudicatarios.

Tipos de becas:

Sociales: se otorgan en el caso de que el/la estudiante solicite un apoyo económico extra (no contemplado otro tipo de becas o descuentos) y están sujetas a un estudio por parte de la institución, a partir de la presentación de un expediente de documentación alusiva.
Descuentos por convenios, vigentes entre INQBAR y otras instituciones.
Para participar del concurso, los participantes deberán cumplir con sus bases y aceptar el reglamento correspondiente.




martes, 20 de abril de 2021

Análisis FODA personal: definición, pasos y ejemplos!

Análisis FODA personal: definición, pasos y ejemplos!

Por lo regular, creemos que nos conocemos bien y que no es necesario poner en papel nuestros puntos fuertes y débiles. No obstante, es probable que necesites un poco más de análisis para planificar los objetivos de tu carrera, analizar con claridad tus intereses, entenderte y conocerte mejor. ¡Así tendrás la estructura adecuada para cumplir tus objetivos!

Las empresas utilizan los análisis FODA para evaluarse frente a sus competidores y formular estrategias para desarrollar su negocio. Así, un FODA personal te será útil, sobre todo si estás buscando una promoción, un nuevo trabajo o llevar tu carrera al siguiente nivel.


¿Qué es un FODA personal?

Este proceso te ayuda a crear un plan estratégico para tu carrera: registra la información sobre tus fortalezas y debilidades internas, así como tus oportunidades y amenazas externas. La clave para completar tu análisis FODA es tratar tu carrera como un negocio y a ti mismo como un producto competitivo.

¿Cuál es el objetivo de un FODA personal?

El objetivo del análisis FODA es evaluar el presente y el futuro de tu carrera. Te brinda una nueva perspectiva de lo que haces bien, al mismo tiempo que te permite identificar tus retos y el camino a seguir, de acuerdo con los datos que hallaste.

También te brinda ideas clave basadas en tus propias fortalezas y debilidades. De esta manera, tendrás información precisa para hacer tus decisiones.

En general, obtendrás el autoconocimiento que verás reflejado en el incremento de tu productividad, así como en la mejora de tu imagen laboral y profesional.

Los elementos de un FODA personal:



1. Fortalezas (internas)

Visualízate como un producto competitivo en el mercado para entender tus fortalezas. Una fortaleza personal es un activo que puedes utilizar para diferenciarte de otros en el momento de una entrevista, o al buscar una promoción en tu trabajo.
2. Debilidades (internas)

Una debilidad personal es un área de oportunidad para tu propio crecimiento. Estas son las características que puedes mejorar para aumentar tus oportunidades laborales; por ejemplo, si eres desorganizado, impuntual, o si tienes problemas para hablar en público.
3. Oportunidades (externas)

Observa los factores externos de los que puedes ayudarte para conseguir tus objetivos laborales, encontrar trabajo o incluso determinar el curso de tu carrera.
4. Amenazas (externas)

Esta parte reporta los factores externos que pudieran perjudicar el alcance de tus objetivos.

A continuación, conoce los pasos para hacer tu FODA personal.

¿Cómo hacer un análisis FODA personal?
  • Determina tus fortalezas
  • Encuentra tus debilidades
  • Distingue tus oportunidades
  • Reconoce las amenazas
  • Evalúa tus resultados y actúa en consecuencia



1. Determina tus fortalezas

Todos tenemos talentos y dones, pero requieres un autoconocimiento profundo para identificarlos correctamente y desarrollarlos de la mejor manera posible.

Realza esas áreas en donde te distingues: tus cualidades y habilidades. Puedes comenzar por responder estas preguntas:
¿Cuáles son las cosas que hago mejor?
¿En qué destaco frente a mi equipo?
¿Cuáles son mis talentos innatos?
¿Qué ventajas tengo? (grado de estudios, certificaciones, premios, contactos...)
¿Qué actividades disfruto más?
¿Con qué recursos cuento?
¿En qué actividades sobresalgo?
2. Encuentra tus debilidades

Esta es la parte donde tienes que observarte con un ojo crítico. No te preocupes, pues ¡nadie es perfecto! La buena noticia es que siempre puedes mejorar y la única manera de hacerlo es identificando primero tus debilidades.

Examínalas al preguntarte:
¿En qué fallo más que el resto de mi equipo?
¿Cuáles son los hábitos que quiero erradicar?
¿Cuáles son mis rasgos de personalidad negativos?
¿En qué áreas puedo mejorar? (educación, entrenamiento, habilidades y conocimiento).
¿Cuáles son las debilidades que señalan mis compañeros de trabajo o jefes?
¿Qué tareas evito hacer por no sentirme confiado o porque no me agrada realizarlas?
3. Distingue tus oportunidades

Las oportunidades siempre existen para las personas dispuestas a evolucionar y crecer. Conoce los factores externos y las tendencias en crecimiento para utilizarlas en tu favor.

Las preguntas siguientes pueden ayudarte a reconocer tus oportunidades:
¿Qué carreras, campos e industrias relacionadas conmigo están en crecimiento acelerado?
¿Qué nueva tecnología e innovación puede beneficiar mi carrera?
¿Mi industria crece actualmente o tengo mayor oportunidad en otra industria?
¿Hay algún vacío en el mercado que puedo llenar?
¿Qué contactos me beneficiaría tener?
4. Reconoce las amenazas

Las amenazas son los elementos externos que no podemos controlar, por ejemplo: una caída financiera debido a una recesión económica o algún desastre natural.

Aun así puedes anticipar algunas amenazas al evaluar la situación actual y realizar decisiones proactivas. El punto crucial es reconocer las amenazas y manejarlas con eficiencia y calma. Pregúntate:
¿Qué obstaculiza mi progreso laboral?
¿Qué factores externos afectan mis objetivos?
¿Los cambios tecnológicos perjudican mi situación actual?
¿Cuál es el perfil de los colegas que compiten por el mismo puesto que yo?
5. Evalúa tus resultados y actúa en consecuencia

Puedes emparejar varias categorías para determinar el curso de acción. Por ejemplo, equiparar tus fortalezas con tus oportunidades te mostrará dónde puedes ser más agresivo y actuar cuanto antes. Además, comparar tus debilidades con tus amenazas expone las áreas en las que debes trabajar para mejorar o incluso las situaciones que debes evitar. Te señalan dónde debes ser más precavido.

Otra manera de evaluar tus resultados es al planificar la transformación de tus rasgos negativos en positivos; es decir, evolucionar tus debilidades en fortalezas. Esto puedes lograrlo si acrecientas tus habilidades por medio de la educación, la práctica y la determinación de salir de tu zona de confort.

Una vez que tu análisis FODA esté completo, debes emprender las ideas clave descubiertas. Aquí te mostramos un ejemplo de cómo debería verse:



¡Ahora mira estos consejos para que lo consigas!

4 acciones para mejorar las perspectivas de tu DAFO personal
 
1. Lleva tus fortalezas al máximo

Una buena forma de comenzar es al formalizar lo que representa tus fortalezas. Por ejemplo, si tienes una inteligencia emocional alta y eres un líder sobresaliente, podrías iniciar una certificación en gestión de equipos. Así, no solo llegarás frente a un empleador mencionando estas habilidades, sino que podrás acreditarlas y tendrás mejores posibilidades de ascender o entrar a tu empresa soñada.

2. Gestiona tus debilidades

Si no tienes un buen desempeño al hablar frente a una multitud, no quiere decir que forzosamente deberías buscar un curso para paliar ese aspecto. Analiza si tus debilidades son relevantes en lo que haces ahora o en lo que deseas realizar en el futuro. Quizá si trabajas con equipos pequeños no debas hacer un esfuerzo extra en ese rasgo específico, pero si quieres dar conferencias, es absolutamente necesario que mejores.

Piensa en cada una de tus debilidades y determina un curso de acción individual a corto, mediano y largo plazo. Por ejemplo, pensemos en Martín N., un líder de equipo de marketing, que registra estas debilidades y les asigna un estatus:
Hábitos de aplazamiento: es urgente resolverlos, pues crean una imagen contraproducente para los subordinados e impiden un liderazgo eficiente. Comenzará a utilizar herramientas de gestión del tiempo hoy mismo.
Tendencia al egoísmo: es importante resolverlo, pues afecta la capacidad de entender al resto del equipo y disminuye su posibilidad de crecimiento. La forma de mejorar este aspecto es integrar a un coach de trabajo en equipo en este año.
Conocimientos tecnológicos obsoletos: conoce plataformas de marketing antiguas. La empresa donde trabaja está creando un plan de renovación y crecimiento a 5 años. Dispone de máximo 2 años para obtener conocimientos técnicos y tecnológicos apropiados.

Si haces un ejercicio parecido, tendrás una ruta para crecer de manera personal y profesional.

3. Da seguimiento a tus oportunidades

Anticipar el curso de tus oportunidades te ayudará a tener más seguridad profesional. No esperes hasta que llegue un momento crítico para realizar algún plan. Podrías, por ejemplo, pedir un ascenso antes de lo previsto, o definir el curso que quieres que lleve tu carrera, en vez de dejar que otros decidan por ti.

Ahora que sabes qué te hace valioso, tendrás más confianza para llevar el control de tu futuro. Solo ten en cuenta las condiciones de tu empresa actual y de tu entorno para decidir de manera adecuada, y decir las palabras correctas a tus jefes.
4. Protégete ante las amenazas

A casi todo mundo le aterra la inseguridad financiera, y una de las acciones más prudentes es diversificar tus ingresos. Analiza todas las amenazas que pueden ocurrir y que disminuirían tu crecimiento profesional, y crea un plan B que te ayude a no quedarte sin opciones.

En consecuencia, suscríbete a un blog relacionado con tu sector, capacítate de forma continua y logra que la información sea tu aliada.

Ejemplos de FODA personal

Mira estos ejemplos de FODA personal para que te animes a desarrollar el tuyo.

FODA personal de un profesional


FODA personal de un universitario




Ahora ya sabes que si necesitas darle un impulso a tu carrera, con el análisis FODA potenciarás tus fortalezas, mejorarás tus debilidades, identificarás tus oportunidades y neutralizarás o superarás las amenazas.

A propósito:

«Solo hay una pequeña parte del universo de la que sabrás con certeza que puedes mejorar, y esa parte eres tú». –Aldous Huxley.

 Universidad CAECE (Argentina) 2009
Licenciado en Psicología Social (Articulación Universitaria. Resolución R.M. Nº1214/99)
Licenciado en Psicología (por refrendada la R.M. N° 1214/99 por Resolución Ministerial Aprobada N°1653/16, Carrera acreditada por CONEAU, Resolución N°1112/14)
Egresado con Honores.
Promedio: 9.5

PSICOPATOLOGÍA Modos de enfermar - Libro "TERAPIA DE CRISIS" A. MOFFATT".


PSICOPATOLOGÍA Modos de enfermar - Libro "TERAPIA DE CRISIS" A. MOFFATT".


En la Terapia de Crisis el interés se centra en la resolución del problema y no en el análisis del diagnóstico. Aquí analizaremos los cuadros de despersonalización, depresiones, fobias y las psicopatologías de acción que aparecen en las épocas de crisis social y en los grupos de riesgo.

De todos modos describiremos brevemente los cuadros estabilizados y crónicos, que no son patologías de crisis, como la histeria y la neurosis obsesiva, en los que nos parece indicada la terapia psicoanalítica pues necesitan desarrollar una neurosis de transferencia y un largo proceso de análisis.



Depresión

Cuando falla el mecanismo que transforma la pérdida en recuerdo se instala el fantasma de la depresión. El depresivo se vincula con un fantasma que es alguien que está y no está. Como queda abrazado a lo perdido y pierde los brazos para vincularse con personas reales, vive en el pasado.

Las causas pueden ser de dos tipos: una por pérdida traumática (orfandad, pérdidas importantes que no tuvieron el proceso de duelo, que no pudieron llorarse y compartirse) y la otra es por no haber tenido un hogar donde se le enseñara el deseo, la exploración del mundo, sólo aprendió la desesperanza, son familias grises, escuelas de frustración.

El diálogo es interior y tiene como argumento el reproche o la culpa. El mundo le es ajeno y lejano, su percepción es endo-perceptiva (está dirigida hacia adentro).



Paranoia

En cambio, el vínculo paranoide, es el miedo. Se presenta con alarma, es exo-perceptivo (dirigido hacia afuera). El paranoico está muy atento a lo que va ocurrir. Es un vínculo adelantado en el tiempo. Está controlando qué vas a hacer, pregunta “¿Por qué me estás mirando?”, "¿Por qué te pusiste la mano en el bolsillo? ¿Qué vas a sacar?" Está alarmado. El argumento vincular es atacar o huir.

Hoy tenemos en todo Buenos Aires un clima paranoide por los asaltos y la ansiedad del futuro, tenemos un tono muscular de contracción que desgasta porque consume mucha energía, es como trabajar el doble. Contraigo el brazo porque tengo ganas de dar un golpe, y tengo contraídos los músculos para hacerlo. Al mismo tiempo, para no hacerlo, contraigo los músculos contrarios, esto consume doble energía. A este estado se lo denomina estrés.

Cuando el futuro no puede organizarse en base al deseo se genera la estructura del miedo para que no quede el futuro vacío, para tapar este vacío “lo llenamos de miedo”, si se nos desvanece el deseo, “la zanahoria” (que es un recuerdo placentero) colgaremos del hilo que hace caminar al burro, una araña (que es un recuerdo doloroso), que configurará un futuro temido que organiza una dirección, aunque luego no la podemos recorrer porque nos da miedo. Por lo tanto el paranoide queda paralizado, el diálogo básico es externo, atacar o huir. El mundo es un campo de batalla.



Fobias

El fóbico es el hermano menor del paranoico, el paranoico siente que todos lo persiguen, percibe el mundo como peligroso, en cambio el fóbico especializa y discrimina al perseguidor, pueden ser los perros, la oscuridad, algún insecto, las mujeres, las alturas, los encierros claustrofóbicos; tienen la fobia ubicada en un lugar y pueden manejarla, evitan eso y van tranquilos, no van donde hay perros, prenden todas las luces y más o menos la controlan. A veces lo logran con un acompañante contrafóbico, salen con determinado objeto o persona y se sienten tranquilos.



Histeria

Es un trastorno usual en la mujer, aunque también se da en el hombre. En ambos casos la estimulación erótica que prometen resulta frustrante a la hora de la resolución sexual (en criollo: “calienta la pava y no toma el mate”). En las crisis histéricas puede presentarse la despersonalización, como también trastornos físicos como desmayos, sensación de frío intenso, paralización. En los cuadros graves se acerca al trastorno esquizofrénico y en este caso se habla de psicosis histérica. El tratamiento de prescripción es el psicoanálisis, recordemos que la histeria es el cuadro central de la psicopatología freudiana.

Es, más bien, un cuadro de la burguesía. Podemos decir que requiere de un escenario elegante. En la villa el juego histérico, que es escena y seducción, no se puede mantener porque las necesidades son muy concretas y no permiten darse ese lujo: se mueren de hambre o la violan. La histeria era funcional en los grandes salones vieneses o actualmente en shopings lujosos.

El sexo se representa y no se presenta, no llega a la consumación, porque la seducción histórica es hacia el padre; cuando se acerca la consumación sexual aparece el tabú del incesto que la impide y el juego termina en frustración. Es un cuadro que nace de la represión de la sexualidad como ocurría en la sociedad victoriana.

Aclaramos que la persona no está mintiendo sino que cree en su representación, entra en lo que se llama trance histérico. Por eso Freud, en los primeros tiempos, trató las histerias con técnicas de hipnosis, induciendo el abandono del síntoma.

Tiende a generar conflictos triangulares por sus orígenes edípicos (la seducción al padre y la competencia con la madre).



Neurosis obsesiva

Tiene características opuestas a la histeria, la expresividad es mínima. La patología está centrada en los rituales obsesivos que controlan el entorno. Si en la histeria puede hablarse de una máscara, en la neurosis obsesiva sirve la imagen de la calesita que da vueltas continuamente, parece que avanza pero no va a ningún lado.

El obsesivo ordena pero no organiza su tarea, desarrolla actividades inútiles porque repite estereotipadamente sus maniobras. Están siempre abriendo y cerrando la llave del gas hasta que se quedan con la llave en la mano. Son pacientes angustiados y tensos.

Si la histérica puede resultar estimulante porque necesita seducir a su público o entorno, el obsesivo produce aburrimiento, es inexpresivo, un verdadero plomazo. Los dos cuadros desean retener el tiempo evanescente, la histérica representando su escena una y otra vez y el obsesivo repitiendo su ritual sistemáticamente. Los dos impiden la sensación existencial de pérdida pero al costo de no vivir vínculos reales.

En su base, son dos mecanismos psicológicos fundamentales para la vida social siempre que no se hipertrofien como enfermedad. El núcleo histérico permite la capacidad de ser expresivos, de demostrar emociones y con el núcleo obsesivo podemos organizar adecuadamente la realidad.

Tienen que ver con amor y trabajo que son las dos piernas para el viaje de la vida.



Personalidad confusa

Es el otro extremo de la neurosis obsesiva. Es la persona que vive en medio del caos, donde no puede hacer planes ni ordenar su mundo. En este cuadro todo es imprevisto y desconcierta a los demás. Estas personas viven con un gran monto de angustia por la continua vivencia de una catástrofe incontrolable e imprevisible.







Simbiosis

También es importante en la patología del vínculo, la simbiosis (no nos referimos a las simbiosis funcionales sino a aquellas intensas donde cada uno mutila las funciones del otro). En los casos de simbiosis agudas, entre las dos personas hacen sólo una, pues ninguna de las dos adquirió autonomía yoica, “se puede estar solo de tan cerca”.

Un ejemplo son las parejas sado-masoquistas donde el que hace el papel de víctima está utilizando al victimario para cumplir con su propia escena.



Brote psicótico

En el brote psicótico el enfermo habla desde una significación distinta a la nuestra, dice una palabra que para él tiene una significación delirante, por ejemplo: cree que la palabra perro puede morder, no discrimina entre el signo y lo que señala. Esta omnipotencia de la palabra está presente también en la infancia y en los rituales mágicos, donde una palabra secreta puede enfermar o matar.

El brote genera un sentimiento de vacío inaguantable donde el paciente siente que queda cósmicamente solo. Entonces crea su delirio, que le permite vincularse con alguien, que muchas veces es un perseguidor que puede ser un marciano o un monstruo. En el delirio paranoide, el perseguidor lo controla, con lo cual él se siente mirado y vuelve a existir. Además tiene un otro con el que puede dialogar aunque sea delirantemente.

Hacen ensaladas de palabras, las pegan de cualquier manera y resultan creaciones a veces muy hermosas. En el fondo del Borda trabajábamos la poesía psicótica, unen palabras mejor que Neruda, crean neologismos que son nuevas palabras inventadas. Cierta vez estaban describiendo un asesinato, vi en la pared del Hospicio el dibujo de un cuchillo con sangre y abajo decía “cuchangre”, me pareció espantosa esa palabra porque sintetizaba las dos cosas en forma de pensamiento primario. ¿Se puede aludir a un asesinato con mayor economía que la palabra “cuchangre”? (cuchillo y sangre).



Esquizofrenia Mensajes paradojales

La madre del esquizofrénico es muy especial. Según la teoría sistémica, que se basa en la teoría comunicacional, para fabricar un esquizofrénico es necesario que la madre le dé mensajes absolutamente paradojales, le interprete la realidad de otra manera y además exija que el niño acepte esa definición. Suelo dar como ejemplo el caso de una madre que trae a la consulta a su hija con un brote esquizofrénico. La hija dice: “Mamá, traeme el saco porque tengo frío”, y la madre le contesta: “Vos no tenés frío, tenés hambre”. No acepta lo que ella dice. Si dice: “Tengo rabia”, la madre contesta: “No, yo sé que vos estás triste, ¿no va a saber tu madre lo que te pasa?” Continuamente la define como otra cosa de lo que es y la chica empieza a decodificar de manera distinta. Si de niña le pregunta: ¿Por qué papá me mira con rabia? (puede ser que el padre realmente se sienta desplazado), la madre le dice: “¿Por qué decís eso? ¿Por qué sos tan mala? Vos no lo querés a papá”. Luego, cuando alguien la mire con rabia, ella va a creer que no la quieren. Si la hija pide aclaración, la madre le contesta: “¡No seas insolente con tu madre!” No acepta nunca la rectificación del doble mensaje. En teoría de la comunicación se llama double bind, doble atadura, se dice algo en un nivel y en otro nivel lo contrario y se impide señalar la contradicción. La madre se conduce como si la hija fuera una prótesis suya, no acepta que ese ser es un existente independiente.

Otro ejemplo de mensaje paradojal sería el de una esposa que le dice al marido: “¡Tenés que ser más varonil! ¡Te ordeno que vos seas el que manda acá!” El marido piensa: “Si ella me ordena que yo mande, en realidad está mandando ella”. También el caso de un sargento que le dice al soldado: “¡Le ordeno que me desobedezca!”. Y si el soldado dice: “Sargento, me está ordenando algo contradictorio”, la nueva orden es: “¡Obedezca, soldado!”.

En todos los casos el pedido es incongruente en sí mismo. Esto lleva a la paralización porque cualquier cosa que se haga está sancionada, la comunicación es una trampa.

Para que esta modalidad comunicativa, que llamamos doble vínculo, sea patológica y que, acompañada por otros factores, produzca una esquizofrenia, tiene que estar dentro de una relación intensa, de sobrevivencia. Como la relación que tiene el niño con los padres.

Si la madre sonríe y le dice: “Yo te quiero mucho” pero lo empuja y cierra la puerta, el niño no sabe si lo quiere, o lo que quiere es echarlo. La clave está en afirmar algo y en otro canal calificar negativamente lo anterior. En este caso, en canal verbal “te quiero” y en canal gestual “rechazo”.



Shock psicológico

A una persona que está en situación de shock psicológico agudo, no le podemos hablar, quedó detrás de las palabras y suelen ponerse en posición fetal, lo que indica que está regresado. Para estos casos hay maniobras corporales como el abrazo de contención. Si está en pánico agudo, debe ser atendido con una técnica corporal llamada “maternaje”, que consiste en abrazarlo casi como a un bebé por su regresión aguda. Incluso hasta se mea y se caga, lo que indica que regresó a la etapa anterior al control de esfínteres. Luego irá volviendo a la realidad gracias al proceso terapéutico que, por etapas sucesivas, lo llevará a su edad actual.



Abuso sexual en menores

Las malas experiencias, como un abuso sexual en la niñez, pueden después traer problemas en la sexualidad adulta. Lo curioso de la mente es que se puede reparar lo sucedido, se puede modificar el pasado. Cuando soñamos podemos volver a la profundidad del inconsciente y con técnicas de ensueño dirigido y psicodrama podemos revivenciar con plena sensación de actualidad aquel hecho doloroso. A través de una catarsis, se externaliza el recuerdo, se pone en palabras y se entiende el traumatismo.

Los abusos sexuales en los niños son muy confusos, ambiguos y paradojales porque el que tiene que proteger es justamente el agresor. Muchas veces la madre es cómplice y dice: "Eso no pasó, mentís", con lo cual la nena cree que está loca, porque la mamá es la que le define la realidad. El mundo, para la criatura, se convierte en algo que no comprende. A veces la madre le dice: "Vos lo provocaste", esto es muy frecuente, y entonces la nena cree que es puta, aunque ella sabe que no sedujo, y entonces se confunde. Por eso, este tipo de experiencias traumáticas a edades muy tempranas, dejan huellas profundas. Es algo que sucede de noche y es ocultado en el día, está inscripto en la nocturnidad y por eso es muy confuso. Durante el hecho, en el niño o niña, hay conciencia crepuscular, no entiende bien si ocurrió o no.

He trabajado en algunos casos en los que, en la cama de la nena, apareció semen, y la madre le hizo creer a ésta que era té con leche.

Cuando la nena víctima del abuso se hace adulta, desarrolla síntomas mutilatorios de su sexualidad como frigidez o vaginismo, que es la contracción espasmódica de la musculatura vaginal que impide la penetración. Para curarlo se debe revivir dolorosamente la escena con técnicas de regresión, ensueño dirigido o psicodrama, para luego poder verbalizarlo. Podemos decir que es algo que no supuró en su momento. Es como un absceso con pus, hay que punzarlo para que salga la infección y se cure.



El síntoma es defensivo

Observamos frecuentemente que en la historia de los chicos adictos no ha habido afecto en sus vínculos infantiles. Tienen la vivencia de vacío existencial, llamado síndrome de vida vacía. Muchas veces la droga da una salida a esa situación, aunque el remedio termina siendo peor que la enfermedad.

Siempre que alguien hace un síntoma, lo hace para protegerse de algo peor, y para modificarle ese mecanismo, antes tenemos que darle otra cosa en sustitución. Cuando a un chico de la calle, que se llamaba “Huesito” (podemos imaginar la razón) le pregunté por qué se daba con el Poxi, me dijo: “Yo duermo donde vos caminás, ¿querés que me vuelva loco? Dame una casa y yo dejo el Poxi”. El pegamento era la defensa ante la vivencia de vacío.



Deprivación social masiva

Si el humano queda totalmente solo deja de existir. Lo de Robinson Crusoe, de estar veinte años solo en una isla desierta, es una ficción. En la vida real, a los seis meses, cualquiera se vuelve loco. Como era inglés, podía haber durado un poco más, si hubiera sido italiano, sobreviviría solo una semana, hubiera hecho un delirio, y como era religioso, un delirio místico.

El buzón es un lugar de castigo que tiene toda cárcel, al que los presos temen más que a la paliza. Está muy aislado, a oscuras, no se oye ningún ruido, es un lugar pequeño en el que entra una sola persona. Cuando los presos son metidos allí, sienten que desaparecen. Al poco tiempo de estar solos, sin ver ni oír nada, comienzan a delirar.


 Universidad CAECE (Argentina) 2009
Licenciado en Psicología Social (Articulación Universitaria. Resolución R.M. Nº1214/99)
Licenciado en Psicología (por refrendada la R.M. N° 1214/99 por Resolución Ministerial Aprobada N°1653/16, Carrera acreditada por CONEAU, Resolución N°1112/14)
Egresado con Honores.
Promedio: 9.5

EL PROCESO TERAPEUTICO - del libro "TERAPIA DE CRISIS" A. MOFFATT

EL PROCESO TERAPEUTICO - del libro "TERAPIA DE CRISIS" A. MOFFATT

La Escena Cero: deseo y temor

La teoría de la Escena Cero es un artefacto simbólico, una suposición teórica que permite formular preguntas, resolver el tema de la identidad, de la permanencia de algo que se transforma. La escena cero sería el núcleo invariante que permite que el sujeto se transforme porque hay algo que no se transforma, que es la escena cero, la representación de una matriz vincular. Es lo equivalente a lo que en música se llama el leit - motiv. Esta escena cero sería la escena arcaica, sería nuestro modo fundamental de estar en el mundo, es nuestra verdad frente a la muerte. Nosotros la tomamos como escena porque desde ahí es más fácil trabajarla con Psicodrama o Ensueño Dirigido. Además todos los recuerdos y anticipaciones tienen forma de escena. Cualquier droga psicoactiva que estimule la regresión es un camino a ella. La escena cero es también una situación inconclusa, y por eso es dinámica. Contiene el deseo y el miedo, contiene energía, contiene una contradicción, es difícil de trabajar, es regresiva y ambivalente. Deseamos y tememos, es una moneda de dos caras, en una está el deseo y en la otra el temor.



La Escena Cero: el argumento básico



El tema básico de una vida es equivalente a la escena cero. ¿Qué es lo que me mantiene vivo? El argumento básico: ¿con qué armo la máquina de andar la vida? Puede ser con personas, un rol social, ser héroe, poderoso o santo. También puede ser una escena, un juego, la perversión, la aventura, un drama, la venganza, la revolución, el viajar. Esos serían los temas del vivir. Pero también hay vidas que se organizan desde un vegetar, en base a sensaciones orgánicas, como comer, coger, beber. Esto también vale y llena una vida (más: es un modo muy usado). Otras veces, el tema básico es un síntoma, el asma, las fobias, los rituales obsesivos o la fórmula más común que es la rutina, el burocratizar la vida cotidiana, y tener un empleo municipal. (Yo fui municipal tres veces y me echaron tres veces.)



O sólo drogas o sólo palabras


Hay dos planteos psicoterapéuticos que evitan la emoción y toda la temática existencial. Uno es el organicista, que viene de la medicina, con los psiquiatras, y en base a psicofármacos, o sea, el chaleco químico; esto es estimulado por las multinacionales de la psicofarmacología. En él, se trabaja sólo sobre los cuerpos.

Otro es el de los psicoanalistas lacanianos, que vienen de la Literatura, no de la Medicina, y manejan sólo palabras, desde un concepto de inconsciente universal y abstracto donde quedan encerrados en palabras que explican otras palabras. Estos, trabajan sólo con símbolos.

¿Y quiénes curan a las personas concretas que deben recorrer el difícil y angustiante camino de la vida, en este mundo bastante loco?



“Ventajas” del psicofármaco

Razones ocultas, no confesadas del uso exclusivo de los psicofármacos: ¿cuál es el verdadero mecanismo socio-psicológico de los psicofármacos, especialmente a impregnación, a dosis masivas? Primero, que produce una conmoción psicológica del paciente, lo descoloca, lo desorienta y queda tan boludo que abandona los síntomas; luego, la droga tiene capacidad punitiva por las consecuencias físicas desagradables. Además, antes los ojos de la familia, se está haciendo algo científico frente al misterio de la locura, y el paciente, al quedar enchalecado, no jode más, y todos contentos. El médico también, porque la terapia fue tan corta como escribir la receta.



El tema de la hipnosis clínica.

El concepto de estabilización emocional, de homeostasis, es también el "holding" de Winnicott; esto se establece en la relación materno infantil y es vital para el bebé para que pueda neutralizar las repercusiones viscerales desorganizadoras, debidas a traumas externos. Las alteraciones ligeras son estimulantes de las funciones pero las bruscas y masivas producen estrés; luego, el niño en el juego tiene la oportunidad de estados auto-hipnóticos estabilizadores. El adulto recrea esto luego y lo logra con lo que llama actividades de descanso, como, por ejemplo: pescar en aguas tranquilas, o tejer junto al fogón, o escuchar música, o en la religión, con las ceremonias repetitivas. Esta estabilización ­emocional no significa falta de estímulos, sino alternancias estimulantes. Todo esto es la temática, dentro de la hipnosis clínica, de la utilización de las matrices logradas por una buena madre, como diría Winnicott, de acunamientos, de cantos, caricias que permiten una estabilización de los estímulos caóticos que produce la realidad. Todo esto queda en el territorio de la hipnosis.



La poesía como mensaje paralelo

Una paciente con cáncer que no es informada de su enfermedad dice: "Tengo miedo de no entender lo que la gente me dice”. Esto no le pasaba antes. Analicemos esto: la comunicación con la paciente está estructurada en base a una información central evitada, lo que le produce mensajes crípticos, con partes vacías. En este sentido hay un recurso en donde se puede comenzar a entregar la verdad y es la poesía con que, como código paralelo, se comunica algo que no se podía comunicar. El tema era la paciente cancerosa y las poesías eran isomórficas con el tema del cáncer, es decir que hablaban metafóricamente del "fin del camino", a “misterios por develar”, etc. Ella podía elegir, o no, darse cuenta de lo que le estaba pasando para poder elaborarlo, porque toda metáfora dice y no dice.



Quitarle no, engancharlo en la vida

Oído en el hospicio: "Doctor... ¡no me quite la tristeza porque es lo único que tengo!" El melancólico no puede quedar sin nada. La dificultad de la curación reside en que, para quitarle al paciente un síntoma, (que es lo que hace la psiquiatría oficial), siendo que el síntoma es una defensa contra el vacío (la enfermedad), hay que hacerle encontrar otra más conveniente, más creativa, que, en lo posible, le genere vínculos en el mundo real.

Al depresivo no se le puede quitar su depresión porque es lo único que tiene. Debe pasar primero al otro lado del presente, es decir, al futuro, y poder desear algo, tener una nueva relación, para avanzar. A veces, al no poder hacer eso, y porque no tiene recursos para desear, adquiere un temor, un perseguidor, y sale de la retención del objeto (la depresión) y pasa a la agresión o evitación del objeto.



Incluir los baches

La posibilidad de realizar un plan (proyecto) largo - grande (extenso) depende de la capacidad de que este sea sostenido en los períodos de desaliento (que se acepten baches o agujeros que queden contenidos en el proceso). Es importante que esto sea aceptado (los baches) en el proceso terapéutico, de modo tal que los momentos (períodos) de des-esperanza queden aceptados como parte del tratamiento, porque si no, estos vacíos pueden romper la continuidad del proceso de curación.

En pocas palabras: algo es completo cuando puede contener lo contrario. Hay que aceptar el odio dentro del amor, el cansancio dentro de la marcha, etc.

Los chinos dicen: "La noche empieza al mediodía" (porque el sol comienza a bajar), y también: " El jarro está hecho de arcilla, pero la utilidad del jarro está allí donde la arcilla no está".



El proyecto en la cultura

Para la terapia prospectiva, el proceso terapéutico consiste en re-colocar en la cultura (el espacio de las explicaciones compartidas) lo que se salió de ella y quedó atrapado en la subjetividad. Y eso que falta es el sentido prospectivo, la clave que lee la realidad desde un yo. En el caso de la crisis, ese yo no puede vincularse más a través de su proyecto, pues éste es subjetivo, y la clave de lectura no está en el espacio intermedio entre él y el otro (la cultura y el lenguaje) y, por lo tanto, el otro no lo entiende. La tarea consiste en convertir un trozo de subjetividad aterradora (solitaria y confusa) en algo compartido, transmisible por el lenguaje (verbal, gestual, etc.) y, por tanto, transformado en no-loco, pues permite compartir expectativas y hacer algo en común. Este re-colocar se lleva a cabo mediante las técnicas de contacto y explicación. Esto no es una tarea fácil, pues en la subjetividad están los terrores infantiles y la desesperación de las preguntas fundamentales que no tienen respuesta, para las cuales la cultura inventa “respuestas-muletas” como recurso ortopédico con las cuales nos calmarnos unos a otros. El loco queda solo porque habla de algo que está escondido en todos nosotros, se ”agarró la lepra” que todos tenemos latente (las vivencias de desintegración) y se convierte en leproso y por lo tanto todos le disparan (y lo tratan de aislar). El terapeuta es el que está inmunizado contra esa lepra porque la tuvo y se curó. Sintetizando de otra manera nuestro pensamiento, pensamos que el paciente enfermó porque “su pasado está peleado con su futuro”. A esta mala síntesis la llamamos síntoma y los terapeutas debemos ayudarlo a sintetizar sanamente esa contradicción ayer-mañana por medio de un proyecto, donde construye uno con elementos del otro (futura-recuerdos) y así puede saltar de uno al otro. A ese salto que se repite eternamente lo llamamos el presente.



Lo imaginario

El pasaje en que consiste la terapia debe llevarse a cabo en un espacio muy definido: el lugar de lo imaginario, de lo que no está, de lo que fue o lo que será. Como primera medida debemos crear las condiciones para encontrarnos con el paciente en ese “otro espacio”. Al diálogo terapéutico le es necesario contar con un encuentro “enrarecido”; el aquí y ahora debe dar lugar al allá y entonces, y esto se logra mediante ”máquinas del tiempo”, a saber, la dramatización, los diálogos guestálticos, el ensueño dirigido, etcétera. Con estas técnicas iremos junto con el paciente al encuentro de sus objetos perdidos o temidos, de lo que fue y de lo que será. Preferimos situar lo imaginario doloroso en términos lineales de temporalidad (en un antes y un después) y no como en la concepción freudiana, en términos de lo inconsciente, de un estrato ”por debajo” de la conciencia.



Concepto de triálogo

El terapeuta para hacer su trabajo debe incluirse como un tercero en el diálogo interno del paciente, entre las dos partes que están en contradicción, porque sólo un tercero puede ser el testigo de un diálogo que está en la subjetividad, campo lábil y a veces caótico. Sólo el tercero puede objetivar, es decir crear el espacio de la cultura. Pues en todo diálogo cada término es una parte del vínculo y por lo tanto no puede ”ver” cuáles son realmente los términos y cuál es el tema de lo que constituyen entre los dos. Por esto vemos a la tarea terapéutica como el esclarecimiento de ese diálogo confuso por medio de un triálogo que define la contradicción interna desde la cultura, y hace posible que el diálogo interno se haga externo, es decir, se haga comunicación con los otros.



Enfoque regresivo y progresivo

En las técnicas psicodramática y guestáltica que son usualmente grupales, se puede trabajar hacia adelante, hacia el futuro, con lo cual es posible analizar en su espacio específico, el miedo, que siempre es anticipación. En el psicoanálisis se trabaja siempre hacia atrás, tratando de armar el rompecabezas arqueológico. En los grupos es posible representar (conjurar, evocar) el pasado, que se hace presente, pues esté ocurriendo en la escena conjurada y, de esta forma, continuar ese pasado, al que la neurosis había vuelto rígido, y representar un nuevo desenlace (futuro), con lo cual se le permite al paciente la construcción de la imagen anticipatoria de una solución sana. Y sabemos por la teoría temporal que sólo si se conoce (se proyecta) el yo-por-ser, puede la persona instalarse en ese otro que va a ser él, pues de lo contrario se discontinúa la sucesión histórica del yo. Esta actitud más dinámica que atraviesa el presente, desde el pasado al futuro, es muy clara en la manera que Fritz Perls analiza los sueños. En el psicoanálisis el sueño es un enigma propuesto por el paciente en la sesión como cosa pasada cerrada y terminada; en cambio Perls hace que el paciente lo relate en tiempo presente, que lo reviva con los ojos cerrados, que en lugar de decir ”yo me estaba cayendo”, diga ”yo me estoy cayendo”. De modo que cuando el paciente llega al final del sueño por haber despertado, Perls le pide que lo continúe: ”¿Y ahora qué? ¿Qué ves?... ”. Así el paciente puede enfrentar el final temido del sueño (por eso había despertado justo en ese momento) debido a estar acompañado por otro, que es una figura protectora como aparece el terapeuta. De este modo se puede saber qué hay más adelante, cuál es la escena temida que paralizó al paciente.

Respecto a la prospectiva, en el tratamiento, el apuro por clasificar al paciente mental, en diagnosticarlo, tiene que ver más con la necesidad de controlar lo imprevisible, misterioso y azaroso que son las perturbaciones psicológicas, que con una necesidad operativa (que sí es útil en la medicina del cuerpo). Pero sucede que en un proceso terapéutico la relativa verdad entre paciente y terapeuta se logra recién al final del tratamiento, pues ésta reside en lo profundo de la historia de la persona. Encontrar rápidamente un diagnóstico casi siempre lleva a adecuar el camino posterior a ese diagnóstico y que la terapia consista sólo en confirmarlo. Pero debemos tener en cuenta que a todos nos da tentación ser definidos por un terapeuta, padre, poderoso, así nos ahorramos el trabajo y las angustias de recorrer el camino interno para encontrarnos (por esto son a veces exitosos los diagnosticadores, los que otorgan la verdad enseguida). Veremos ahora dos oposiciones que tienen importancia para la clasificación de las técnicas terapéuticas: las terapias de mutación y las de evolución (la catarsis y la rehabilitación) por una parte y, por la otra, la oposición que, más que a las técnicas, se refiere a las actitudes: la identificación y la confrontación. A lo largo de todo el libro se habrá advertido que preferimos pensar recurriendo a esquemas dialécticos; es decir, señalamos los extremos de una gama que se oponen, pero que encierran todas las posibilidades de síntesis. Indicamos los extremos estables del sistema de contradicción y consideramos que la situación sana, esto es, la más eficaz, debe encontrarse en alguna de las síntesis contenida entre los opuestos. Por ejemplo, respecto a las maniobras de identificación y las de confrontación con el paciente, debemos determinar hasta qué punto conviene acompañar a un paciente dado en su delirio y hasta qué punto debe confrontárselo con la realidad. Siempre resulta más fácil (más primitivo) manejarse con los extremos, por ejemplo, aceptar el delirio del paciente o negarle toda veracidad; en cambio, los puntos medios en la maniobra terapéutica, que corresponderán a su necesidad de negar sólo parte de lo que sucede, son de más difícil manejo, pues toda contradicción tiende a estabilizarse en los extremos.



Mutación - evolución

Las terapias de mutación son las que conducen a un desenlace catártico con alta carga emocional. El psicodrama y especialmente el laboratorio guestáltico son instrumentos de profundidad, verdaderas ”máquinas de tiempo” que le permiten al paciente revivir la escena temida con toda la carga emocional de la escena original”. Podríamos llamarlas técnicas mutacionales, pues el insight que provocan constituye una verdadera fractura (mutación) en el sistema de la enfermedad; dan brusco acceso a la concepción de otras estrategias para el enfrentamiento con las angustias arcaicas del paciente. Muchas psicoterapias folklóricas, por ejemplo, la macumba brasileña, crean con el ritmo del baile, la cashasha (bebida) y el charuto (cigarro), un estado de trance que permite reconectarse con vivencias muy arcaicas y descargar el llanto, la rabia o la alegría, que estaban bloqueadas, con gran intensidad emocional. (A veces el conjunto tiene la belleza y la dramaticidad de un verdadero ”ballet terapéutico”). En general puede decirse que todas las terapias grupales tienen algo de shamánicas, de ritos primitivos para conjurar fantasmas comunes. Aún una terapia individual tan escrupulosamente científica como el psicoanálisis tiene algo de operación shamánica cuando la neurosis de transferencia conjura a un padre ya muerto, pero proyectado en la figura del analista; así se crea el clima psicológico como para que una interpretación clave produzca la ”visión interior” (insight) con toda la carga emocional que produce una mutación en la percepción de sí mismo. La otra gran categoría son las terapias de evolución: así llamamos al lento trabajo de condicionamiento en las rehabilitaciones. Si las terapias catárticas sirven sobre todo para los niveles neuróticos, éstas sirven más específicamente para resolver el lento reaprendizaje de vínculos y estructuras en las psicosis. Las llamamos de evolución para subrayar de ese modo su gradual recorrido de un lento camino de transformaciones que impide la despersonalización que puede provocar un cambio brusco.

Para aclarar la diferencia entre unas y otras, puede decirse que las mutacionales se relacionan más estrechamente con la estructura histérica, que admite la movilización emocional, pues existe por debajo un yo más consolidado; y las evolutivas se relacionan sobre todo con las estructuras obsesivas que tienen por debajo un yo más cercano a la fragmentación. Por tanto, el pasaje terapéutico tiene que recorrerse como una suma de pequeños escalones para evitar las discontinuidades temporales que llevan a la fragmentación del yo del tipo del extrañamiento de sí mismo. En esta vertiente la terapia se define como un adiestramiento, como un enseñar a: poder ponerse triste, superar el miedo, sentir placer, etcétera, lo que debe percibir el terapeuta en los pacientes es lo que les falta hacer (lo que no pudieron) y ayudarles a hacerlo para completarse. En esta tarea a veces se parece a un adiestrador, un entrenador.

En general se trata de reaprender la función psicológica que fue mal enseñada en la infancia. En casos extremos, como el de la terapia conductista, por ejemplo, la desensibilización sistemática de Wolpe constituye un condicionamiento mecánico y progresivo para desacondicionar el síntoma. En realidad, pensamos que esta terapia más que de una transformación de la persona, condiciona el armado de una neurosis obsesiva funcional que permite controlar la vivencia de fragmentación, de esquizofrenización; pero no tiene nada que ver con las terapias de maduración, que elaboran los niveles profundos del proceso de vida.

Por último, respecto a toda transformación psicológica, diremos que para que algo cambie en el proceso terapéutico, deben existir otras partes que no cambien; por esto en toda terapia deben asegurarse puntos fijos. Por ejemplo, en el psicoanálisis ortodoxo, se estabilizan varios elementos: el encuadre (lugar, diván, honorarios, etc.) y también la dependencia transferencial. De acuerdo con nuestro planteo, lo que debe quedar finalmente igual a sí mismo es el núcleo del yo, el proyecto básico de vida. Este es el núcleo de identidad que debe atravesar las metamorfosis de los sucesivos personajes a través de la historia vital, reconociéndose siempre como algo original y único.



El tratamiento como modelo de proceso

El tratamiento es también un modelo de cómo armar estructuras de continuidad que nos permitan vivir el presente como salto entre lo que dejamos y lo que obtenemos. Por eso, en él tiene que constituirse el giro del tiempo: algo debe ser anticipado, luego vivido y, por último, recordado. Debe darse como consecuencia y tener etapas progresivas para evitar la vuelta a los síntomas, pues cuando el cambio ha sido demasiado rápido puede producirse la vivencia de despersonalización y, al no reconocerse, el paciente suele volver atrás sufriendo una recaída. Debemos lograr primero que se anticipe como ”el otro” que quiere ser y una vez que lo conozca bien, ayudarlo a que se instale en ese yo- por-ser para que pueda reconocerse como el mismo que se anticipó de esa manera.

Esta necesidad es la que determina que el proceso terapéutico no pueda ser muy rápido. Las curas bruscas son inestables, pues al no autopercibirse el paciente como el mismo que era, recurre a su ”querida y vieja” neurosis para volver a ponérsela y reconocerse como él mismo en el espejo de la mirada ajena.

Recordemos que cuando el tratamiento tiene buen éxito suele provocar también el síndrome de la crisis. Lo que caracteriza a esta crisis es que se presenta en el camino de vuelta de la enfermedad. En general puede decirse que la terapia consiste en incluir al paciente en un proceso por el que se admite, se explica y también se inventa otro proceso: el de su historia vital, se acepta recorriendo una vida, la suya.



El alta

Para terminar el tema del encuadre o del contrato terapéutico, definiremos cómo concebimos el alta. Es el momento en que ambos, paciente y terapeuta, perciben que lo inexplicable logró una explicación, que ya no hay confusión y que sólo quedan las circunstancias dolorosas y placenteras reales. También se concibe que el paciente pueda vivir el presente como parte de una historia comprensible.

En adelante es capaz de ”recorrer su vida”, pues en general el paciente recurrió a la terapia porque había algo que no era capaz de hacer: salir a la calle, devolver agresión, permitirse el placer sexual, llorar a un muerto querido, etcétera. El criterio de alta más seguro es que el mismo paciente sienta sus posibilidades de vida. Continuar la terapia más allá de este punto sería entrar en el juego del ”terapeuta-muleta”. Según nosotros lo concebimos, esto no es ya terapia, sino una rama de la ortopedia. Claro que este no es trabajo fácil, pues se hace necesario enfrentar otra separación, pero lo que hace posible que el paciente abandone al terapeuta es conocer y finalmente hacerse amigo de alguien muy importante en su vida: él mismo.



Terapia situacional

Cuando la operación terapéutica no puede llevarse a cabo en el marco de un consultorio, el encuadre de la tarea debe adaptarse al campo real en que se pueda operar. La urgencia que implica el desencadenamiento de una crisis hace necesaria la intervención in situ (en el campo) que, si se la maneja con eficacia, puede ser más operativa y certera que la operación desarrollada en el contexto del consultorio. Como primera ventaja, la situación ambiental, el hábitat familiar, contiene mucha información útil para entender la sintomatología del miembro enfermo. Puede decirse, con Pichon Riviere, que el paciente expresa y sintetiza como un vaciado en yeso lo que está aconteciendo en el grupo familiar, pues sus síntomas son lo negado por la estructura familiar, lo que falta.

La técnica del tratamiento domiciliario (o en la calle) depende de la posibilidad de instrumentar la estructura del campo. Se diría que nos es posible manejar el proceso grupal en curso si podemos ”encabalgar la situación”, para lo cual debemos utilizar, funcionalizar terapéuticamente, una parte nuestra que no goza de buena reputación entre los psicoterapeutas de consultorio: el núcleo psicopático. En el psicoanálisis ortodoxo sólo se admite la funcionalización del núcleo fóbico-melancólico (por la paralización corporal y la regresión), pero no la capacidad de conducir situaciones, de operar terapéuticamente procesos reales. Todo proceso real tiene una escena imaginaria montada sobre él. En el caso en que el miembro de un grupo (familiar, de trabajo, etc.) padece una crisis psicológica, la escena imaginaria es tan intensa que gobierna las acciones reales: el tiempo invade el presente en la escena grupal.

En ese momento la escena cotidiana se transforma en un psicodrama espontáneo; los gritos, los gestos y las palabras corresponden a la escena temida del grupo. El terapeuta se debe transformar entonces en un director de psicodrama que induce maniobras que llevan al cierre de la situación en dirección de la salud, del esclarecimiento de esa escena tan temida que ”enloqueció” al grupo (aunque el rol de ”enfermo” se le asigne a uno solo de sus componentes).

La tradición terapéutica de consultorio creó reglas de encuadre que sólo se adaptan a la situación de un paciente individual autocontrolado; por eso deben revisarse las reglas de encuadre con criterio creativo para curar la locura ”en vivo”. Son necesarias las maniobras del psicodrama e, incluso más allá, del teatro de vanguardia (especialmente útiles son las técnicas del teatro de calle y teatro invisible del brasilero Augusto Boal).

Otra disciplina que aportó maniobras es la antropología de campo con las técnicas de observador participante, donde el antropólogo debe incluirse en el grupo cultural que investiga a través de un rol existente en esa cultura, para evitar que al ser sólo observador desde afuera modifique el campo. Las que llamarnos técnicas de auxilio en crisis, que describiremos más adelante, son específicas para intervenciones callejeras o domiciliarias en cuadros de suicidios, brotes psicóticos o conmociones traumáticas (accidentes, emergencias sociales, etc.), que son ocasión de los cuadros de catástrofe del yo, ya descriptos en el capítulo de la psicopatología.



Soluciones alternativas

Una terapia situacional es una tecnología psicológica imprescindible si se desea una cobertura asistencial de las crisis en las que la resolución terapéutica debe ser inmediata y realizada en el contexto ambiental donde está sucediendo, porque llevarla al consultorio (en el caso que ello fuera posible) podría resultar una disección paralizadora de la dinámica dramática que impidiera su comprensión.

En los Estados Unidos tuve ocasión de trabajar en un Centro de Crisis (el Maimonides Community Mental Health Center), en el que pude ser testigo de (y yo mismo ejerci­tar) la libertad técnica y la posibilidad creadora de que gozan los terapeutas norteamericanos respecto a soluciones alternativas. Por otra parte, esto era imprescindible por las modalidades de acción (de acting) de los cuadros psico­patológicos de los neoyorkinos. Resultaba interesante y emo­cionante a la vez ver cómo la terapia se mezclaba con la vida en el planteo de la “street clinic” (clínica de la calle).

Para utilizar una metáfora ilustrativa, si el psicoanáli­sis convencional es el boxeo con sus reglas guantes, rounds, cuadrilátero, etc., el auxilio en crisis es el karate callejero con toda la creatividad de lo imprevisto.

Proponemos, pues, dos formas de encuadre: el de consultorio (cerrado) y el situacional (abierto). De acuerdo con este último se opera fuera del encuadre terapéutico convencional de consultorio, donde el terapeuta es quien controla la situación espacio‑temporal. En el encuadre abier­to (situacional) el terapeuta debe incluirse en un campo de fuerza psicológico y operar instrumentando lo que está sucediendo; debe acompañar el proceso en curso e intentar que cierre en dirección de la salud.


 Universidad CAECE (Argentina) 2009
Licenciado en Psicología Social (Articulación Universitaria. Resolución R.M. Nº1214/99)
Licenciado en Psicología (por refrendada la R.M. N° 1214/99 por Resolución Ministerial Aprobada N°1653/16, Carrera acreditada por CONEAU, Resolución N°1112/14)
Egresado con Honores.
Promedio: 9.5

sábado, 10 de abril de 2021

Los malos alumnos existen? Y las malas escuelas?

 Los malos alumnos existen? Y las malas escuelas?

Pedagogía alternativa

Siempre he sentido predilección por los "malos alumnos". Algunos eran mucho más creativos e inteligentes que sus compañeros. ¿Sabe el profesorado cómo mantener sus talentos?

(Foto propia. Con Philippe Meireieu)

C
onservo un recuerdo particularmente afectuoso de Damián. Era un chico delgado, más bien bajito, con el pelo rizado y un corrector dental.

Se pasaba las clases escribiendo cuentos, que ilustraba con unos dibujos originales y creativos. No le preocupaba suspender. Era educado y respetuoso, pero se aburría y prefería dar rienda suelta a su imaginación. Sus relatos reflejaban sus lecturas: Poe, Tolkien, Lovecraft.

Hablar con él resultaba agradable, pues era apasionado, reflexivo y soñador. Vivía en un mundo diferente al de los demás. Sus compañeros lo consideraban un bicho raro y le hacían el vacío.

Suspendía cinco o seis materias cada trimestre, pero aprobaba las recuperaciones y, a duras penas, pasaba de curso. Los profesores lamentaban su escasa motivación. Le consideraban un vago y un irresponsable.

Por supuesto, ninguno se planteaba que el problema no era Damián, sino el sistema educativo, cuyo objetivo real no es enseñar, sino vigilar, clasificar y castigar.



Pienso que los alumnos como Damián inspiran miedo, pues rompen o cuestionan el discurso de la enseñanza tradicional. Son chicos con inquietudes, con un temperamento artístico y una curiosidad inagotable. No se adaptan a la rutina de escuchar pasivamente, memorizar y aprobar mediante exámenes que solo miden el grado de adaptación al sistema.

¿DEJA LA ESCUELA ESPACIO A LA CREATIVIDAD?

Muchos escritores han sido pésimos estudiantes. En Memorias de un loco, Gustave Flaubert escribe: “Llevado a un colegio desde la edad de diez años, pronto fui ofendido en todas mis inclinaciones: en clase, por mis ideas; en el recreo, por mi tendencia a una recelosa soledad. Viví solo y aburrido, atormentado por mis maestros y escarnecido por mis compañeros. Tenía un carácter mordaz e independiente y mi cínica ironía no perdonaba ni los caprichos de uno solo ni el despotismo de todos”.

Tal vez Flaubert emplea un tono excesivamente airado, que refleja resentimiento, pero no es fácil mostrarse templado cuando has sufrido el autoritarismo de los profesores y la incomprensión de tus compañeros.

Muchas veces, Damián y yo hablábamos en el patio, sin disimular nuestro entusiasmo por Los crímenes de la calle Morgue o Los mitos de Cthulhu. Creo que me sentía identificado con él.

DISCIPLINA Y CASTIGO

Yo fui un estudiante de características similares, pero en un colegio Católico, donde al tedio de las clases magistrales se sumaban los castigos físicos y las vejaciones. Yo era profundamente desdichado en la escuela, pero entonces se consideraba que la felicidad no era un objetivo pedagógico.

Los que hoy hablan de “cultura del esfuerzo” reproducen la visión pedagógica de mis curas. Ya no se dice que “la letra con sangre entra” (Sarmiento), pero se presupone que el estudio se basa en la abnegación, el sacrificio y la disciplina. ¿Cuándo ha sido divertido estudiar gramática o aprender la física de Newton?

EL AMOR AL APRENDIZAJE

En secundaria fui tan mal alumno como Damián, pero aprobé las oposiciones de profesor de filosofía de la Comunidad de Madrid con el número uno. ¿Sacrificio, esfuerzo, abnegación? No. Infinitas horas de lectura que me enseñaron a amar las distintas formas de conocimiento.

Con dieciséis años leí Crimen y Castigo, de Dostoievski. Me fascinó la historia, a medio camino entre la novela policiaca y el ensayo filosófico. De inmediato, quise saber más, conocer la filosofía nietzscheana del superhombre, coartada teórica de Raskólnikov para hundirle un hacha en la cabeza a una usurera. No me resultaba menos atractiva la figura del autor, confinado en Siberia y sometido a un simulacro de fusilamiento por conspirar contra el zar Nicolás I.

Seguí tirando del hilo y acabé leyendo sobre el nihilismo, las utopías, las revoluciones, el pacifismo, las crisis de fe y la historia de Rusia. Sin darme cuenta, había demolido las asignaturas convencionales, estableciendo un diálogo interdisciplinar entre el todo y las partes. Ese fue mi punto de partida para una “segunda navegación”, que me ha permitido mantener despierto mi afán de aprender hasta hoy.

¿CÓMO GENERAR DESEO DE APRENDER?

Por supuesto que es divertido aprender, pero hace falta una motivación que encienda el deseo de saber más.

Durante dos décadas he trabajado como profesor en diferentes institutos de enseñanza pública y privada. Nunca he creído en las clases magistrales, los libros de texto y los exámenes. De hecho, son los tres pilares de una filosofía autoritaria y profundamente antipedagógica.

Durante mucho tiempo, la escuela ha desempeñado un papel semejante al de los manicomios y las cárceles. Su función era adocenar, reprimir, normalizar. O dicho de otro modo: imponer un modelo de sociedad basado en la desigualdad y el principio de autoridad. Este propósito era evidente en las escuelas decimonónicas, donde los pupitres copiaban la organización del trabajo en las fábricas. En Alemania, se llamaba a los profesores “apaleadores”, pues se consideraba que su atributo distintivo no era un libro sino una vara dura y flexible.

Mientras estudiaba en la universidad Nacional de Quilmes, Que paradójicamente previo a los 90´fuera una gran fabrica con una planilla enorme de empleados en planta permanente, conocí la pedagogía libertaria de Tolstói, el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, las ideas de Maria Montessori, la Educación en el Hogar teorizada por John Holt, la Escuela Nueva de Freinet, la teoría de Vigotski sobre el aprendizaje sociocultural... Por supuesto, no adquirí esos conocimientos en las aulas universitarias europeas, sino en los libros. Solo dos o tres profesores se apartaban de la enseñanza tradicional, evaluando por trabajos y proyectos.

En los años noventa, empecé a dar clases en institutos de la periferia de Madrid. En esa época, se intentaba implantar la LOGSE, con la oposición de la mayoría de los docentes, que no aceptaban la idea de ser educadores y reivindicaban su condición de especialistas de una materia. Por primera vez, se hablaba de integración, materias transversales, diversificación y adaptaciones curriculares. Sin una financiación adecuada, la reforma fracasó y no tardó en aparecer la contrarreforma, con sus controles de calidad y sus criterios excluyentes.

NUESTRAS ESCUELAS YA NO NOS SIRVEN!

Aunque se afirme retóricamente que el sentido de la escuela es formar hombres y mujeres libres con las herramientas necesarias para desarrollar su potencial humano e intelectual, la realidad es que la enseñanza tradicional mata la curiosidad y la creatividad, suprimiendo la diversidad entre los alumnos y fomentando su uniformidad, de acuerdo con un patrón cultural apolillado y que ni siquiera se corresponde con las necesidades del siglo XXI.

La escuela decimonónica es un atavismo inútil en una sociedad cuya economía ya no descansa sobre las grandes fábricas, sino en la capacidad de innovación y en la flexibilidad para adaptarse a los cambios.

El profesor no puede estar maniatado por programaciones oficiales y criterios fijos de evaluación, pues cada clase es un grupo con una personalidad propia. Nunca olvidaré la experiencia de un compañero de instituto, un profesor de dibujo que se enfrentó a un grupo de 1º de ESO con una motivación inexistente y escasa autoestima.

Eran chicos y chicas de doce años con un bajísimo rendimiento y una sensación generalizada de fracaso personal. Casi todos habían pasado por Primaria cosechando calificaciones mediocres. Desanimado, mi compañero me contaba que no atendían, que le entregaban los ejercicios en blanco, que respondían con desgana a sus preguntas. De acuerdo con el programa, les enseñaba los trazados geométricos básicos, los polígonos, la simetría, el color, el espacio, la luz, la forma humana. “Lo más desesperante”, me confesó, “es que dibujan garabatos mientras explico”.

Después de un primer trimestre catastrófico, cambió de estrategia. Se olvidó de los apuntes y el libro de texto, encargándoles que dibujaran un cómic. No sería un trabajo individual, sino por grupos y supervisaría sus avances y dudas, ayudándoles a terminar el proyecto. Al principio, los alumnos se desconcertaron, pero enseguida se entusiasmaron con la idea.

En menos de dos semanas, la desidia se convirtió en frenética actividad. Se elaboraron guiones y se distribuyeron viñetas. Casi todas las historias se ambientaron en zonas urbanas. Otros escogieron escenarios fantásticos, como fortalezas, castillos o aldeas medievales. Eso les obligó a realizar trazados geométricos, cuidar la simetría, dibujar polígonos, distribuir el espacio, manejar la luz, emplear el color y dibujar la figura humana desde distintas perspectivas.

El resultado fue increíble. Mi compañero me enseñó los cómics, donde se notaba su talento para inspirar, coordinar y motivar. Todos los grupos se habían esmerado, sin descuidar detalle. Incluso se produjeron progresos en otras asignaturas, pues los alumnos habían mejorado su autoestima y confiaban más en sus posibilidades para afrontar cualquier reto.

UN NUEVO PARADIGMA DE LA EDUCACIÓN

Se considera que Emilio, o de la educación, publicado por Jean-Jacques Rousseau en 1762, es el primer tratado sobre filosofía de la educación en la cultura occidental. Rousseau señaló que la curiosidad es un impulso natural del niño y que el aprendizaje es tan inevitable como la respiración. El conocimiento se adquiere mediante el juego, el contacto físico, la especulación sin trabas. Si el niño se limita a escuchar a un adulto, perderá su capacidad innata de razonar. Y de disfrutar. Como libro de referencia, Rousseau no recomienda un tratado filosófico, sino Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. Las autoridades educativas no le han hecho mucho caso a Rousseau, pero su influencia nunca se ha extinguido.

A principios del siglo XX, Maria Montessori afirma que “el niño, con su enorme potencial físico e intelectual, es un milagro frente a nosotros”. Los niños son esponjas con una capacidad de absorción infinita. Su inconsciente asimila las lecciones del entorno. El profesor debe estar a su servicio creando espacios luminosos y acogedores que propicien el encuentro con el lenguaje, la música, las matemáticas, las plantas y el arte.

En los años 60, John Holt cuestiona la escolarización forzosa, afirmando que afecta negativamente al aprendizaje, pues en un ambiente de competitividad y ansiedad por las notas muchos niños se retraen, temiendo ser castigados y humillados.

Holt se hace eco de la pedagogía anarquista de León Tolstói, que creó una escuela libre, popular y abierta en Yasnia Poliana. Tolstói rechaza los exámenes, la asistencia obligatoria y cualquier idea preconcebida, pues el papel del profesor no es imponer, sino adaptarse al alumno, avivando su curiosidad. La Escuela Summerhill, fundada en 1923 por Alexander S. Neill en Inglaterra, sigue las mismas pautas, combatiendo la represión sexual que inhibe en el niño una relación espontánea y natural con su propio cuerpo y el de los demás.

En nuestro país, cada vez hay más escuelas libres y algunos centros educativos oficiales han relajado sus métodos, permitiendo ciertas innovaciones. No soy optimista, pues la escuela es el reflejo de la sociedad y nuestra sociedad es competitiva, insolidaria e individualista. Sin embargo, algo se mueve. Muchos padres quieren una educación diferente para sus hijos y se rebelan contra las evaluaciones externas, que solo miden el cumplimiento de los objetivos establecidos por las programaciones oficiales.

Los “malos alumnos” como Damián encarnan la rebeldía del ser humano, que opone su creatividad a la productividad, el ingenio a la repetición, la evocación a la memorización, el sentido lúdico a la rutina. Sin “malos alumnos”, el mundo se parecería a Un mundo feliz, 1984 o Fahrenheit 451. Quizá el primer paso para conjurar ese riesgo sea reconocer que no hay “malos alumnos”, sino malas escuelas.



 Universidad CAECE (Argentina) 2009
Licenciado en Psicología Social (Articulación Universitaria. Resolución R.M. Nº1214/99)
Licenciado en Psicología (por refrendada la R.M. N° 1214/99 por Resolución Ministerial Aprobada N°1653/16, Carrera acreditada por CONEAU, Resolución N°1112/14)
Egresado con Honores.
Promedio: 9.5