Psicoanálisis detrás de la Exitosa Serie Gambito de Dama! Fama, adicciones y ajedrez!
Netflix no deja de sorprendernos con sus estrenos. Este año, la plataforma lanzó diferentes series que han sido todo un éxito. Por supuesto que Gambito de Dama no podía quedarse atrás.
La serie Gambito de Dama, cuyo título evoca la jugada con que el irreverente y genial Bobby Fischer terminó por quebrar la hegemonía que los rusos hasta entonces detentaban en el juego de ajedrez.La serie se estrenó el 23 de octubre y ya se posicionó entre las 10 más vistas. ¿Quieres saber por qué? Aquí te lo contamos.
Su título original es The Queen’s Gambit y es una miniserie dramática estadounidense creada por Scott Frank y Allan Scott. La cual está basada en la novela “the Queen’s Gambit” de Walter Tevis. Este rodaje es Protagonizado por Anya Taylor-Joy y consta de 7 episodios. Así que si estás buscando algo nuevo que ver, esta es una fabulosa opción.
La serie narra la historia de una ajedrecista que logró la fama mundial gracias a su talento en el juego. Beth Harmon, la protagonista, es una huérfana que comenzó a jugar ajedrez a los ocho años y llegó a ser reconocida como la mejor del mundo.
La serie ha cautivado al público porque relata de manera magistral la historia de la joven. No sólo nos muestra la fama y el alcance de Beth, además nos deja observar sus problemas de adicción a los tranquilizantes que desarrollo desde que vivía en el orfanato. Con el tiempo, la joven presenta problemas emocionales y de alcoholismo.
Otro de los puntos centrales de la serie es que refleja a la perfección lo que implicaba ser mujer en el mundo del ajedrez de aquella época. De hecho, el escritor de la obra original catalogó su obra como “un tributo a las mujeres inteligentes”.
Sin embargo, no todas son espinas, Beth ha sembrado amor y amores en su dura experiencia vital: mujeres y hombres dispuestos a ayudarla. Así es que, como metáfora del generoso horizonte que la sororidad puede alcanzar, una amiga negra surge como la pieza con que Beth abre los ojos para así acceder a su pasado, enfrentar su duelo y por fin rendir homenaje a quien --en el sótano del orfanato donde fue alojada tras aquella trágica muerte-- le enseñara jugar al ajedrez: ¿una figura del Padre quizás?
De esta manera, en las 64 casillas de un tablero cuyos ocupantes evocan un orden patriarcal riguroso, blancas y negras se mezclan para finalmente rendirse ante quien, sólo por saber cuál es su verdadera partida, ya ha ganado el juego. Aquí el resultado es una mera anécdota a contabilizar en el mundo de lo previsible, el dominio del cálculo, la pesadumbre del registro, lo fatuo de los oropeles. Beth se mueve en un casillero que no está en el tablero.


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